Odio las mañanas. Me acuesto en la cama el tiempo que sea posible hasta que mi madrastra llegue a mi puerta y me para sacar a mi perezoso de la cama. Esta mañana mi madrastra no ha venido a despertarme, lo ha hecho mi hermanastra. Admitiré que estoy enamorada de mi hermanita. No es que actuaría al respecto ni nada porque ahora que nuestros padres se casaron estamos como si estuvieran relacionados. Es bueno que no tuve que hacer nada para conseguir lo que tengo esta mañana para una llamada de atención, excepto mantener mi perezoso en la cama como de costumbre. Mi hermanastra se despertó y se volvió hinchable. Lo único que odio peor que las mañanas son las personas de la mañana. Estaba vacilante en hacer el movimiento, ya que podía sentir mi madera furiosa de la mañana en ropa interior y no quería engrasarla presentándosele. Mi hermanastra encontró mi madera sola e inmediatamente me atrayó viéndola y luego tocándola.
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